El Resbaladero

Las cosas como van y como son

México en medio de una crisis política y económica

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Nov 5, 2025

Por Ricardo Reyes Legaspi.

En el último trimestre de 2025, México se encuentra inmerso en una tormenta perfecta de inestabilidad política y fragilidad económica. Bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, que asumió el poder en octubre de 2024, el país enfrenta no solo el legado de violencia heredada y tensiones diplomáticas, sino también un estancamiento económico agravado por factores externos como las tarifas comerciales impuestas por Estados Unidos. Mientras la economía registra su primera contracción trimestral desde la recuperación post-pandemia, la inseguridad y las rupturas internacionales erosionan la confianza pública y el desarrollo social. Este artículo explora las dimensiones de esta crisis dual y sus interconexiones.

La crisis política: Violencia, diplomacia fracturada y protestas internas 

La política mexicana en 2025 ha sido marcada por una escalada de violencia que trasciende lo cotidiano y amenaza las bases institucionales. En Michoacán, un estado emblemático de la confrontación con el crimen organizado, la muerte del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ha desatado una ola de indignación. El asesinato, ocurrido en circunstancias que apuntan a la injerencia de grupos criminales, se suma a una serie trágica: en los últimos tres años, siete alcaldes han sido ejecutados y uno permanece desaparecido en la entidad.

Este patrón de violencia política no es aislado; refleja una crisis de seguridad nacional donde el crimen organizado ejerce un control territorial que desafía al Estado, con tasas de impunidad cercanas al 100% en casos de derechos humanos.

Las protestas no se han hecho esperar. Manifestantes han tomado el Palacio de Gobierno de Michoacán exigiendo la renuncia del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y culpando directamente al gobierno federal por la ineficacia en materia de seguridad.

La presidenta Sheinbaum ha calificado el crimen como «condenable, cobarde y vil», expresando solidaridad con la familia de Manzo, pero críticos de la oposición, como el PRI, acusan al morenismo de priorizar agendas ideológicas sobre la protección de funcionarios locales.

Esta polarización se agrava por reformas judiciales controvertidas y un debilitamiento percibido de la democracia, con riesgos políticos identificados que incluyen la erosión de la participación ciudadana y la concentración de poder.

A nivel internacional, la crisis se ha extendido a la diplomacia. En un golpe inesperado, Perú ha roto relaciones diplomáticas con México tras la concesión de asilo político a Betssy Chávez, ex primera ministra cercana al derrocado Pedro Castillo, acusada de rebelión en su país.

Lima califica la decisión como una injerencia en su soberanía, mientras México la defiende como protección a una perseguida política. Esta ruptura, anunciada por el presidente peruano José Jerí, obliga a la encargada de la embajada mexicana a abandonar el país en un plazo perentorio, profundizando la inestabilidad regional.

Opositores internos ven en esto una «torpeza» de la política exterior morenista, que prioriza alianzas con gobiernos de izquierda sobre la tradición neutral de México.

Además, las tensiones con Estados Unidos bajo la administración Trump añaden combustible. Reportes indican planes para ataques militares contra instalaciones de carteles en territorio mexicano, lo que podría escalar a un conflicto bilateral.

Estas fricciones diplomáticas no solo aíslan a México, sino que alimentan un descontento social que culmina en convocatorias masivas, como la del 8 de noviembre, para exigir un «país seguro, justo y digno»

La crisis económica: Estancamiento, deudas y presiones externas

Paralelamente, la economía mexicana padece un enfriamiento que bordea la recesión. En el tercer trimestre de 2025, el PIB se contrajo por primera vez desde la recuperación pandémica, impulsado por un debilitamiento en la actividad industrial y el consumo interno.

Aunque el primer semestre mostró un crecimiento sorpresa del 1.8%, las proyecciones para el año entero son sombrías: la OCDE anticipa una caída del -1.3%, atribuida a tensiones políticas y comerciales.

Para 2026, se espera una recuperación lenta, pero con riesgos de inflación elevada.

Las tarifas arancelarias impuestas por Trump en marzo de 2025, en el marco de una guerra comercial con México y Canadá, han sido un catalizador clave. Estos gravámenes, que entraron en vigor el 4 de marzo, han frenado las exportaciones y generado represalias, empujando al país hacia una recesión técnica en el primer trimestre.

La dependencia extrema de EE.UU. –que absorbe el 80% de las exportaciones mexicanas– amplifica el impacto, con un déficit heredado y un crecimiento por debajo del necesario para el desarrollo (menos del 2% anual).

Internamente, la crisis fiscal es alarmante: la deuda pública supera los 20 billones de pesos, y recortes presupuestarios afectan sectores clave como la salud, donde México destina solo el 2.5% del PIB, impactando hospitales, vacunas y atención mental.

Indicadores como el Coincidente muestran un estancamiento por debajo de la tendencia de largo plazo, con señales de debilitamiento en empleo y manufactura.

A un año de Sheinbaum, la tímida recuperación del 1.2% anual en agosto no disipa los temores de una «recesión no crisis», pero con desigualdad persistente y oportunidades limitadas para migrantes y trabajadores.

Intersecciones: Cómo la política alimenta la economía y viceversa

Estas crisis no operan en silos; la inseguridad política ahuyenta inversiones y frena el turismo, mientras el estancamiento económico exacerba la desigualdad, alimentando el reclutamiento criminal y el descontento social.

La guerra comercial con EE.UU., por ejemplo, no solo golpea el PIB, sino que complica la cooperación en seguridad fronteriza, permitiendo que el narcotráfico prospere.

En un panorama de presiones externas e internas, México enfrenta un 2025 de «grandes desafíos» que demandan reformas urgentes en democracia y finanzas públicas.

Hacia un horizonte incierto

México no está solo en su vulnerabilidad; la reconfiguración política en América Latina y la volatilidad global amplifican los riesgos.

Sin embargo, la resiliencia histórica del país –evidenciada en su estabilidad fiscal relativa y el mantenimiento de la deuda en 49.9% del PIB– ofrece un atisbo de esperanza.

Para revertir esta trayectoria, se requiere una política exterior pragmática, inversión en seguridad integral y estímulos económicos inclusivos. El llamado del 8 de noviembre a las calles podría ser el catalizador para un cambio, recordándonos que, en palabras de analistas, «la crisis no es inevitable si hay respuestas audaces».

México, en el ojo del huracán, necesita unidad para navegar hacia aguas más tranquilas.

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